Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Una vez tomadas tan prudentes medidas, me metí en la cama y enseguida me dormí. Una luz había quedado encendida en mi habitación. Era ésta una vieja costumbre, de fecha muy remota, y de la que nada podría haberme inducido a prescindir.
Así protegida, podía descansar tranquila. Mas los sueños atraviesan muros de piedra, iluminan habitaciones oscuras, u oscurecen las luminosas. Y los personajes que en ellos toman parte entran y salen a placer, riéndose de los cerrojos.
Aquella noche tuve un sueño que fue el comienzo de una congoja inesperada.