Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius No puedo llamarlo pesadilla, porque tenía plena conciencia de estar dormida. Mas igualmente tenía conciencia de encontrarme en mi habitación, acostada en mi cama, exactamente como en realidad estaba. Vi, o me pareció ver, la habitación y los muebles tal y como los había visto por última vez, sólo que había mucha más oscuridad. Y vi algo moverse a los pies de la cama, que al principio no pude distinguir claramente. Mas pronto descubrí que se trataba de un animal negro como el hollín, parecido a un gato monstruoso. Me pareció que tendría alrededor de cuatro o cinco pies de largo, ya que cuando cruzó la alfombrilla del hogar vi que medía por lo menos tanto como ella. Iba y venía con la impaciencia ágil y siniestra de una bestia enjaulada. No pude gritar, aunque, como podéis suponer, estaba aterrada. Su paso era cada vez más rápido, y la habitación cada vez más oscura, hasta que, finalmente, ya no pude distinguir más que sus ojos. Advertí que saltaba suavemente sobre mi cama. Sus grandes ojos se aproximaron a mi rostro, y de repente sentí un dolor punzante, como si me clavaran profundamente en el pecho dos largas agujas, con una separación entre ellas de una o dos pulgadas.