Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Me desperté dando un grito. La habitación estaba iluminada por la vela que dejaba permanentemente encendida durante toda la noche, y vi una figura femenina a los pies de mi cama, un poco hacia la derecha. Llevaba un holgado vestido negro, y su cabello suelto caía sobre sus hombros, cubriéndolos. Un bloque de piedra no hubiera podido estar más inmóvil. No se advertía en ella el más leve indicio de respiración. Mientras yo la miraba fijamente, la figura parecía haberse movido, y estaba ahora más cerca de la puerta. Luego llegó junto a ella, la puerta se abrió, y aquella salió.
Me sentí entonces aliviada, y capaz de respirar y de moverme. Lo primero que pensé fue que Carmilla me había gastado una broma, y yo me había olvidado de cerrar la puerta. Me precipité hacia ella, y la encontré, como de costumbre, cerrada por dentro. Me asustaba abrirla… estaba aterrorizada. Me metí en la cama de un salto, me tapé la cabeza con las sábanas, y así permanecí, más muerta que viva, hasta que amaneció.
Empeoramiento
Sería inútil que tratara de contaros el horror con que, incluso ahora, recuerdo lo sucedido aquella noche. No fue como el pánico transitorio que deja tras de sí un sueño. Parecía intensificarse con el paso del tiempo, y contagiar a la habitación y a los mismos muebles que habían estado en contacto con la aparición.