Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Lo cierto es que, aunque nos despedimos con bastante alegría, ni el reverendo estaba alegre, ni puede decirse que lo estuviera yo. Ese poderoso órgano de la expresión del espíritu humano que es el rostro posee expresiones delatoras; algunas, aunque sea yo médico y esté acostumbrado a su observación, no podrán dejar de helarme la sangre jamás. Capté una mirada del reverendo Jennings que pasó a convertirse en una obsesión para mí. Aquella mirada impresionó tan funestamente mi imaginación, que opté por cambiar los planes que había hecho para aquella noche y me fui a la ópera por ver si conseguía mudar mi ánimo y olvidar mis pensamientos.
Estuve sin saber del reverendo, sin oír cosa alguna acerca de él, siquiera, al menos tres días. Al fin me llegó una nota escrita por él, que me sorprendió por el buen humor y el magnífico optimismo que demostraba. Decía encontrarse bastante mejor, incluso muy bien, y que por ello estaba dispuesto a verificar un experimento, que consistía en ausentarse más o menos durante un mes para recorrer las parroquias de su vicaría. Mostraba la certeza de que trabajar duro durante ese espacio de tiempo le haría mucho bien.