Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Y con razón, en tanto haya vacas que ordeñar en los prados del rÃo —dijo Madame.
—Quizá. Pero Martin prefiere asustarse, y jamás vi a un tonto más asustado.
—No debéis contarle a Carmilla ni una palabra de esto, porque desde su ventana puede ver aquel paseo —intervine yo—, y ella es, si cabe, todavÃa más impresionable que yo.
Aquel dÃa Carmilla bajó todavÃa más tarde que de costumbre.
—¡Qué miedo he pasado esta noche! —dijo, en cuanto estuvimos juntas—. Estoy segura de haber visto algo espantoso. Menos mal que le compré aquel amuleto al pobre jorobadito al que tanto insulté. Soñé que una forma negra rondaba mi cama, y me desperté completamente aterrorizada. Y durante unos instantes, realmente creà ver una figura oscura junto a la chimenea. Mas palpé debajo de la almohada, en busca del amuleto, y en cuanto mis dedos lo tocaron, la figura desapareció. Estoy convencida de que, de no haberlo llevado conmigo, algo horrendo se me habrÃa aparecido, y tal vez me hubiese estrangulado, como hizo con esos infelices de los que hemos tenido noticias.
—Bien. Ahora escuchadme —empecé yo. Y le volvà a contar mi aventura, ante cuya relación pareció horrorizarse.