Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —Bien, ya os lo dije —replicó Carmilla, cuando le describà mi tranquilo sueño—. Yo también tuve un sueño muy agradable la noche pasada. Prendà el amuleto en la pechera del camisón. La noche anterior lo tenÃa demasiado lejos. Estoy convencida de que todo fue pura imaginación, a excepción de los sueños. Yo creÃa que eran los espÃritus del mal los que originaban los sueños, mas nuestro médico afirma que eso no es cierto. Dice que es sólo un ataque pasajero de fiebre, o de alguna otra enfermedad, que, como sucede a menudo, llama a nuestra puerta y, al no poder entrar, sigue su camino, dejando a su paso esa señal de alarma.
—¿Por qué pensáis que es útil el amuleto?
—Porque ha sido fumigado con alguna droga o sumergido en ella, de suerte que actúa de antÃdoto contra la malaria —respondió Carmilla.
—Entonces, ¿actúa únicamente sobre el cuerpo?
—Por supuesto. ¿Creéis acaso que los espÃritus maléficos se asustan de unos pedacitos de cinta, o de los perfumes de una botica? No. Esos males que vagan por el aire comienzan por poner a prueba los nervios, y de ese modo infectan el cerebro. Mas antes de que se apoderen de una, el antÃdoto los rechaza. Estoy segura de que ése es el efecto que tuvo sobre nosotras el amuleto. No hay en él magia alguna. Simplemente es un remedio natural.