Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Me habrÃa sentido más feliz si hubiera podido estar completamente de acuerdo con Carmilla. Mas hice cuanto pude, y la impresión inicial estaba perdiendo parte de su fuerza.
Durante algunas noches dormà profundamente. Mas por la mañana sentÃa la misma lasitud, y durante todo el dÃa ese estado de languidez me consumÃa. TenÃa la impresión de ser otra persona. Una misteriosa melancolÃa se apoderaba de mÃ. Una melancolÃa que no hubiera querido interrumpir. SombrÃos pensamientos de muerte comenzaron a abrirse camino en mi mente. Y la idea de que me estaba debilitando lentamente tomó posesión de mà de un modo suave y, por alguna razón, no desagradable. Aunque estuviera triste, el estado de ánimo que provocaba tal sensación era también agradable. Fuera lo que fuese, mi alma lo aceptaba resignadamente.
No querÃa admitir que me encontraba enferma. Y no consentà en hablar de ello con papá, ni en llamar al médico.
Carmilla me querÃa más que nunca, y sus extraños paroxismos de lánguida adoración eran cada vez más frecuentes. Se regodeaba conmigo con creciente ardor cuanto más decaÃan mis ánimos y mi fortaleza. Eso me producÃa siempre una especie de sobresalto, como un destello momentáneo de locura.