Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Sin embargo, los criados no tardaron en subir corriendo las escaleras. Mientras tanto, yo me había puesto la bata y las zapatillas, y mis compañeras se habían equipado ya del mismo modo. Al reconocer las voces de los criados en la antecámara, salimos juntas. Y, tras renovar infructuosamente nuestras llamadas a la puerta de Carmilla, ordené a los hombres que forzaran la cerradura. Así lo hicieron, mientras nosotras nos quedamos esperando en el umbral, sosteniendo en alto las velas. Y de ese modo, escudriñamos la habitación.
La llamamos por su nombre. Mas seguimos sin obtener respuesta. Registramos la habitación. Todo estaba en orden. Exactamente en el mismo estado en que yo lo había dejado al darle las buenas noches. Mas Carmilla había desaparecido.
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