Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius —La familia de los Karnstein —dijo— se extinguió hace ya mucho tiempo; cien años por lo menos. Mi querida esposa descendÃa por lÃnea materna de los Karnstein. Mas el apellido y el tÃtulo han dejado de existir hace mucho. El castillo está en ruinas; el mismo pueblo está abandonado; han pasado más de cincuenta años desde la última vez que se vio salir humo por alguna de sus chimeneas; no queda ni un techo intacto.
—Totalmente cierto. He oÃdo muchos comentarios sobre eso desde que os vi por última vez; tantos que os asombrarÃais. Mas es mejor que os lo cuente todo en el orden en que sucedió —dijo el general—. Vos conocisteis a mi querida pupila… mi hija, podrÃa llamarla. No habÃa nadie tan hermosa como ella, y hace tan sólo tres meses ninguna otra de salud tan radiante.
—En efecto, ¡pobrecita! Cuando la vi por última vez estaba realmente preciosa —dijo mi padre—. Os aseguro que me apenó y conmocionó más de lo que podrÃa contaros, mi querido amigo; sabÃa cuán duro golpe fue para vos.
Mi padre tomó la mano del general, y se la estrechó con afecto. Los ojos del viejo soldado se llenaron de lágrimas, que no trató de ocultar. Luego dijo: