Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius La sospecha de que lo seguían le causó gran desazón. Es comprensible que así fuera, máxime si se tiene en cuenta que transitaba por una calle solitaria y a muy altas horas de la noche. Se volvió el capitán Barton encorajinado por el miedo, sintiéndose ofendido, para encararse con quien creía que era su perseguidor, mas, aunque la luz de la luna iluminaba bien la calle en un largo trecho, a nadie vio.
Aquellos pasos que oía no podían ser, en ningún caso, el eco de los suyos; para cerciorarse, incluso golpeó el suelo fuertemente varias veces, y en fin, aunque no era hombre dado a las ilusiones ni a las fantasías, se dijo que tendría que incluir aquel fenómeno en la categoría correspondiente a los hechos imaginarios, a las meras ensoñaciones, sin darle mayor importancia al asunto. Siguió más tranquilo su camino. Y apenas lo hubo hecho, escuchó de nuevo los pasos a sus espaldas.
Aquellos pasos, ahora, como si alguien quisiera someterle a una dura prueba, como si alguien deseara demostrarle definitivamente que no oía el eco de los suyos ni pasaba por el trance de una ensoñación, se producían a otro ritmo, con otra sonoridad; a veces eran muy lentos y otras muy rápidos, apresurados; a veces parecían esfumarse para dejarse sentir al poco en una carrera y después a un ritmo normal.