Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius El capitán, a propósito de tales supuestos, volvió a mostrar su escepticismo, si cabe con mayor sarcasmo, incluso ridiculizándolos. El capitán Barton no hacía, con ello, otra cosa que mantenerse fiel a sus creencias, por así llamarlas. Tenía por los únicos veraces los argumentos que defendía, su auténtica fe, si se puede expresar así, pues no en vano era un hombre que llevaba años negando la existencia de eso que de común se conoce como agentes sobrenaturales.
Hacía ya largo rato que habían dado las doce de la noche cuando Mr. Barton se despidió de las damas e inició su solitario paseo nocturno. Llegó a la calle larga, a cuyos lados apenas había algunos muros levantados, allá en donde se comenzaban a construir las casas, cuando los haces de luz de luna atravesaban la neblina tiñendo lóbregamente el camino. Todo estaba en calma; sintió una cierta aprensión, como si en aquel silencio acechase algo ignoto e imposible de nominar; sólo oía sus propios pasos, que ahora se le antojaban más sonoros que nunca antes; y apenas les hubo prestado atención, cuando comenzó a sentir otros a sus espaldas, a cierta distancia, como si alguien lo siguiera prudentemente, para no ser visto.