Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Obediente a sus propios sentimientos —obediente a su propio orgullo, habrÃa que decir, más bien—, Mr. Branton no contó a su prometida nada de lo sucedido. Aunque los hechos que se acaban de referir puedan parecer banales, lo cierto es que le habÃan afectado muy seriamente, por lo que no querÃa demostrar ante la joven dama, ni sus sentimientos al respecto, ni mucho menos su turbación, ni su angustia, claro está, por no hablar de su miedo… CreÃa que, de hacerlo, pensarÃa su prometida que era un hombre débil, y la carta, a fin de cuentas, podÃa no ser más que una broma de mal gusto que alguien hubiera decidido hacerle… AsÃ, pues, teniendo en cuenta lo anterior, y si los pasos oÃdos de noche no eran tales, sino una simple ilusión, pues nada le demostraba aún lo contrario, mejor dejar estar las cosas… No obstante, aunque trataba de insuflarse el desprecio y aun la burla hacia todo aquello, no podÃa olvidar lo sucedido ni por un momento. SentÃa además, muy a su pesar, un extraño presentimiento. Ni que decir tiene que estuvo mucho tiempo sin pisar la calle por la que hasta entonces regresaba a su alojamiento. TenÃa en cuenta lo que decÃa aquella extraña misiva, que podrÃa resultarle muy peligroso hacerlo.
Una semana después, aproximadamente, ocurrió algo que hizo que el capitán Barton recordara lo sucedido, llenándole además de una aprensión nueva ahora que comenzaba a liberarse de la angustia anterior.