Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius La ansiedad que esto le produjo, feliz en cualquier caso, el exceso de actividad a que se vio sometido por ello, surtieron un benéfico efecto, cual lo fue el de aventarle aquella melancolía en que estaba sumido tras los hechos ya narrados. Pronto volvió a mostrarse como antes.
Durante todo el tiempo en que hubo de ocuparse de aquel negocio, empero, siguió escuchando los mismos pasos, que siempre se producían en lugares solitarios. Entonces, además, tanto de día como de noche. No obstante, eran tan débiles ahora, y tan espaciados, que ya no pudo, para su ventura, distinguir con claridad si se trataba de pasos reales o de una simple ilusión, motivada por la impresión primera.
Así, una noche, mientras caminaba hacia la Cámara de los Comunes acompañado por uno de sus miembros, Mr. Norcott, tan buen amigo suyo como lo era mío, comenzó a quedarse en silencio, como ausente y dubitativo, a tal extremo que apenas contestaba a lo que le decíamos. Fue la única vez que vi al capitán Barton y me llamó poderosamente la atención su nerviosismo, aquella ansiedad de la que fue presa evidente de súbito.
Después sabría yo que durante aquel paseo volvió a escuchar a sus espaldas los pasos que tanta turbación le causaban, antes de que ocurriera lo que más adelante se referirá.