Los archivos del doctor Hesselius
Los archivos del doctor Hesselius Aquel sujeto de aspecto extraño se dirigió después a Barton, que se había adelantado unos pasos sin prestarle mayor atención, y mirándole fija y coléricamente, casi como un loco, pareció decirle algo, y luego se volvió bruscamente para marcharse en dirección contraria. Recuerdo bien que el aspecto y la actitud de aquel hombre me sugirieron un peligro indefinible; no le di más importancia, pues consideré que sus gestos, su manera de andar, su mirada, eran los propios de un loco. Pero sí me llamó la atención el asombro del capitán Barton ante lo sucedido.
Sabía bien, por tantas cosas que había oído contar de él, que era un hombre de valor más que probado y de nervios templados ante la adversidad. Pero cuando aquel desconocido se dirigió a él, dio unos pasos atrás, con gesto de estupor y de espanto, y se agarró a mi brazo temblando de angustia y de miedo. Después, cuando aquel sujeto de trazas ridículas se fue, me soltó bruscamente, dio unos pasos adelante, como si fuese a perseguir al insolente, pero se detuvo con gesto de estupor y se apoyó, casi sin resuello, contra una tapia. Nunca he visto un rostro más desencajado.
—Por Dios, Barton, ¿qué le ocurre? —le preguntó Mr. Norcott muy alarmado—. ¿Se encuentra enfermo? ¿Qué le pasa?