De sobremesa
De sobremesa —Es ella, doctor, es ella —le dije sentado ya en el sitio que me designaba, y volviendo los ojos hacia la divina aparición que me sonreÃa, enmarcada de oro sobre la pared oscura—. Es ella, doctor; pero ¿cómo se explica este misterio que rodea todo lo que a ella se refiere; que me hace encontrar aquà ese lienzo que es su retrato; la noche en que vengo a hablarle a usted de ella?, ¿cómo me hizo encontrar el ramo de rosas y la mariposilla blanca la noche en que fui a buscar otra mujer para olvidarla por unas horas?, ¿cómo se explica usted todo eso? —agregué sin poderme contener.