De sobremesa
De sobremesa —Ése es el sÃntoma que completa el cuadro —continuó—: Hay en usted por el momento tal embriaguez de vida que me hace recordar la frase de Goethe: «La juventud es una embriaguez de sangre». Todo le aparece a usted hermoso, risueño, grandioso, todo lo atrae, todo reclama su atención. El dÃa en que su sistema, cansado por los abusos, se debilite, los nervios transmitirán de preferencia las sensaciones desagradables o dolorosas, mortal apatÃa lo dominará a usted inhibiéndolo para la acción, su estómago gastado y sin fuerzas digerirá mal, trabajará escasamente su cerebro y entonces será usted el reverso de la medalla, su misantropÃa, su odio por todo, su desencanto no tendrán lÃmites. Todo joven gozador es el proyecto de un anciano melancólico, los botones de rosa se convierten en rosas marchitas; sólo lo duro guarda la forma que desafÃa el tiempo. Si usted lo piensa bien, verá que el ascetismo, que es la última palabra de las religiones, es el secreto de la paz interior: endureciendo al hombre por las privaciones voluntarias a que lo somete, lo insensibiliza para el sufrimiento.