De sobremesa
De sobremesa —¿Conque quieres hacerme feliz e irte?… El collar es mÃo… ¿Aceptas un regalo que voy a hacerte? —me dijo al oÃdo con una expresión de triunfo… Yo también te voy a hacer un regalo, pero inverosÃmil, digno de ti que eres poeta; un regalo que tú mismo vas a creer que es un sueño. Yo también quiero hacerte feliz siendo feliz. Quiero ser feliz una noche. No lo he sido nunca. Odio el tiempo. El tiempo es una cosa estúpida, ¡a stupid thing!… que sólo existe para el cuerpo, añadió mirándome con la cara inspirada, como la de una pitonisa. En mi tierra queremos suprimirlo con la electricidad, con el vapor, con la inteligencia. Allá creamos en una década ciudades más grandes que las de Europa, que tienen seis siglos, y hemos hecho una civilización de doscientos años. El tiempo es una cosa estúpida que se arrastra. Yo quiero suprimirlo en mi vida… ¿Entiendes?… te amo, Fernández… Me voy mañana. Otra se irÃa llevándose su amor; yo, quiero dártelo; te amo, me suspiró al oÃdo, besándome.
—Y yo te adoro, Nelly —respondà buscando con locura sus labios primero, y hundiendo luego la frente en el seno blando, perfumado y fresco.
—No; déjame, déjame; aquÃ, no; llévame; ¿no vives solo? —articuló ceñida a mà y crispada por el deseo; iremos a pie, donde quieras…