De sobremesa
De sobremesa Una tarde, al entrar, las lámparas no estaban encendidas y el salón se adormecÃa en la oscuridad del crepúsculo. Oà en uno de los rincones oscuros un cuchicheo, y antes de encender una cerilla pasó rozándome un bulto y salió a la antecámara. Lelia al ver luz se incorporó en el diván donde estaba recostada…
—¿Quién salió de aqu� —pregunté nervioso, Angela de Roberto, ¿no es cierto?…
—SÃ… —contestó con su tranquilidad inalterable.
—¿Y por qué la recibes, si sabes que me es odiosa? —dije sin poderme contener.
—Porque me gusta —contestó, volviendo a encerrarse en su silencio enigmático, y la noche que siguió a esa tarde fue una de las más deliciosas noches de mi vida…