De sobremesa
De sobremesa Mientras no haya realizado siquiera la primera parte de ese plan no dormiré tranquilo. Que es grande… Más grande era el de BolÃvar al jurar la libertad de un continente en la falda del Montepincio, el de Bonaparte cuando encerrado a los veinte años en el cuartico de Dôle, pobre militarcillo desconocido, soñaba en cambiar la faz de Europa y en repartir tronos a sus hermanos como quien reparte un puñado de monedas.
—Yo estaba loco cuando escribà esto, no Sáenz —exclamó Fernández, interrumpiendo la lectura, dirigiéndose al médico y sonriéndole amistosamente…
—Es la única vez que has estado en tu juicio —contestó Sáenz con frialdad.
—Me habÃan ocurrido todas las cosas posibles e imposibles respecto de ti, menos ésta, que alguna vez se te hubieran ocurrido semejantes barrabasadas. Tú, presidente de la república, qué degradación para ti —soltó Rovira con acento indignado. Tú de presidente de la república…
—Dime, ¿las ventas de las minas, los negocios en Nueva York y las pesquerÃas de perlas te dieron los resultados que esperabas, José? —preguntó Luis Cordovez con aire meditabundo.
—Superiores a lo que esperaba —respondió el poeta…