La riqueza de las naciones

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Si se intenta que los impuestos de capitación sean proporcionales a la fortuna o ingreso de cada contribuyente, se convierten en totalmente arbitrarios. El estado de la fortuna de una persona varía diariamente y sólo puede ser estimado mediante una inquisición más intolerable que ningún impuesto y que además se renovase al menos una vez cada año. Su valoración, entonces, dependerá en la mayoría de las circunstancias del buen o mal humor de los tasadores, y será por ello completamente arbitraria e incierta.

Si los impuestos de capitación son proporcionales no a la supuesta fortuna sino al rango del contribuyente, se convierten en totalmente desiguales, puesto que las fortunas son a menudo desiguales dentro de un mismo rango.

En consecuencia, si se pretende que estos impuestos sean equitativos, resultan por completo arbitrarios e inciertos; y si se pretende que sean ciertos y no arbitrarios, resultan totalmente desiguales. Ya sea el impuesto bajo o alto, la incertidumbre es siempre una gran incomodidad. Si el impuesto es bajo, se puede soportar un grado considerable de desigualdad, pero si es alto se vuelve completamente intolerable.



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