La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones La loterÃa del mar no es tan desventajosa como la del ejército. El hijo de un trabajador o artesano acreditado puede a menudo hacerse a la mar con el consenso de su padre; pero si se alista como soldado, lo hará frecuentemente sin él. En el primer caso, algunas personas creerán que tiene alguna posibilidad de avanzar en esa actividad; en el segundo caso, lo creerá sólo él. El gran almirante es objeto de menor admiración pública que el gran general, y el máximo éxito en el mar asegura una fortuna y una reputación menos brillantes que un éxito similar en tierra. La misma diferencia existe en todos los rangos inferiores. Con arreglo a la jerarquÃa, un capitán en la marina tiene el mismo rango que un coronel en el ejército: pero no gozan del mismo aprecio general. Si los grandes premios en la loterÃa son pocos, los pequeños deben ser más numerosos. Los marineros, asÃ, consiguen alguna fortuna y ascenso más a menudo que los soldados; y la esperanza de conseguirlos es lo que hace atractivo a este quehacer. Aunque su habilidad y destreza es muy superior a la de casi cualquier artesano, y aunque toda su vida es un escenario continuo de fatigas y peligros, sin embargo, a pesar de toda esa habilidad y destreza, de todos estos peligros y fatigas, no reciben mientras no ascienden otra remuneración que el placer de ejercitar las primeras y superar los segundos. Sus salarios no son mayores que los de los peones comunes de puerto, que sirven para regular la tasa de los sueldos de los hombres de mar. Como están permanentemente yendo de un puerto a otro, la paga mensual de aquellos que parten de todos los diversos puertos de Gran Bretaña está más a la par que la de cualesquiera otros trabajadores en esos sitios diferentes; y la tasa del puerto hacia y desde donde navega la mayorÃa, es decir, el puerto de Londres, regula la de los demás. En Londres los salarios de la mayorÃa de los trabajadores es aproximadamente el doble de lo que cobran las mismas clases en Edimburgo, pero los marineros que zarpan del puerto de Londres rara vez gana tres o cuatro chelines por mes más que los que zarpan del puerto de Leith, y la diferencia es a menudo menor. En tiempos de paz, y en el servicio comercial, el precio en Londres es de entre una guinea y unos veintisiete chelines al mes. Un peón corriente en Londres, a una tasa de nueve o diez chelines semanales puede ganar al mes entre cuarenta y cuarenta y cinco chelines. Es verdad que el marinero recibe, además de su paga, los alimentos. El valor de éstos, sin embargo, puede que no siempre exceda a la diferencia entre su paga y la del trabajador ordinario; y aunque a veces lo haga, el exceso no será una ganancia clara para el marinero, porque no podrá compartirla con su mujer y su familia, a las que deberá mantener en casa con su salario.