La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Ese desprecio por el riesgo y esa petulante confianza en el éxito nunca están más activos que en aquel perÃodo de la vida en que los jóvenes escogen sus carreras. La escasa medida en que el temor al fracaso contrarresta la esperanza en la buena suerte aparece más claramente aún en la disposición del pueblo llano a enrolarse como soldados, o a hacerse a la mar, que en el afán de las personas de clases más altas para ingresar en las denominadas profesiones liberales.
Lo que un soldado raso puede perder es bastante evidente. Sin embargo, olvidando el peligro, nunca los voluntarios jóvenes se alistan con tanto entusiasmo como cuando comienza una nueva guerra; y aunque las posibilidades de ascenso son muy escasas se figuran en sus juveniles fantasÃas que tropezarán con mil ocasiones para adquirir honores y distinciones, que jamás se harán realidad. Estas románticas aspiraciones constituyen todo el precio de su sangre. Su paga es menor que la de un peón ordinario y sus fatigas durante el servicio son mucho mayores.