La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones El que las posibilidades de perder son frecuentemente infravaloradas, y casi nunca ponderadas por más de lo que valen, se demuestra mediante los muy moderados beneficios de los aseguradores. Para que el seguro, sea contra riesgos de incendio o marÃtimos, exista como actividad, las primas comunes deberán ser suficientes para compensar las pérdidas normales, pagar los gastos de administración y proporcionar un beneficio como el que podrÃa recogerse de un capital similar invertido en cualquier otro negocio. La persona que paga eso y nada más, evidentemente paga nada más que el valor real del riesgo, o el precio mÃnimo al que puede razonablemente asegurarse contra él. Pero aunque muchas personas han hecho algo de dinero con los seguros, muy pocas han amasado una vasta fortuna; esta sola consideración basta para que resulte nÃtido que el equilibrio normal entre beneficios y pérdidas no es más ventajoso en este negocio que en los otros donde tanta gente acumula fortunas. Y es que por moderada que habitualmente sea la prima de los seguros, numerosas personas desprecian tanto el riesgo que no quieren pagarla. Tomando la media de todo el reino, diecinueve de cada veinte casas, o quizás noventa y nueve de cada cien, no están aseguradas contra incendios. Los riesgos marÃtimos son más alarmantes para la mayorÃa de las personas, y la proporción de barcos asegurados con respecto a los que no lo están es bastante mayor. Muchos de ellos, empero, se dan a la mar en todas las estaciones, e incluso en tiempo de guerra, sin seguro alguno. En algunos casos esto puede no ser imprudente. Cuando una gran compañÃa, o un gran comerciante, tiene veinte o treinta barcos en el mar, ellos pueden asegurarse mutuamente, por asà decirlo. Las primas que entre todos se ahorran pueden más que compensar las pérdidas que puedan padecer en circunstancias normales del azar. Pero en la mayor parte de los casos el descuido en el seguro marÃtimo es, igual que en el seguro de las casas, consecuencia no de prolijos cálculos sino del insensato, temerario y presuntuoso desprecio del riesgo.