La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones En una pequeña ciudad que sea puerto de mar, un modesto tendero cosechará un beneficio del cuarenta o cincuenta por ciento sobre un capital de sólo cien libras, mientras que un importante mayorista en el mismo sitio apenas conseguirá un ocho o un diez por ciento sobre un capital de diez mil. El comercio del tendero puede ser necesario para la comodidad de los habitantes, y la estrechez del mercado puede impedir el empleo en el negocio de un capital mayor. El hombre deberá no sólo vivir de su tienda sino además en consonancia con la calificación que su negocio requiere. Además de contar con un pequeño capital, deberá ser capaz de leer, escribir y contar, y deberá también conocer adecuadamente quizás cincuenta o sesenta tipos de bienes diferentes, sus precios, calidades y los mercados donde pueden ser adquiridos a mejor precio. Deberá en suma atesorar todo el conocimiento necesario para ser un gran mercader, algo en lo que nada le impide convertirse, salvo la falta de un capital suficiente. Treinta o cuarenta libras por año no pueden ser consideradas una remuneración demasiado voluminosa por el trabajo de una persona tan preparada. Si se restan de los aparentemente tan abultados beneficios de su capital, entonces quedará probablemente muy poco más que los beneficios corrientes. El grueso del beneficio aparente es, también en este caso, verdaderamente salarios.