La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones El expulsar a un hombre, sin que haya cometido falta alguna, de la parroquia que ha elegido como residencia es una violación evidente de la libertad natural y la justicia. Y el pueblo inglés, tan celoso de su libertad, pero como el pueblo de tantos otros países desconocedor de su significado, ha soportado esta opresión durante más de un siglo sin ponerle remedio. Aunque hombres cultos han criticado la ley de residencia como un agravio público, jamás ha sido objeto de un clamor popular generalizado, como el que se alzó contra las garantías generales, práctica indudablemente abusiva pero que no era probable que diese lugar a una vejación universal. Y me atrevería a decir que no casi no hay un pobre de cuarenta años en Inglaterra que en algún momento de su vida no haya sentido la cruel opresión de la absurda legislación de residencia.