La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones El mar que rodea a las islas Shetland es extraordinariamente rico en pesca, de la que obtienen sus habitantes el grueso de su alimentación. Pero para aprovecharse de los productos del mar necesitan tener una vivienda en la costa cercana. Y la renta del propietario no está en proporción a lo que el granjero puede obtener de la tierra sino de lo que puede obtener tanto de la tierra como del agua. Se paga en parte en pescado; y esta zona proporciona uno de los muy pocos ejemplos donde la renta forma parte del precio de dicha mercancía.
La renta de la tierra, por lo tanto, considerada como el precio que se paga por su uso, es naturalmente un precio de monopolio. No guarda relación alguna con lo que el dueño de la tierra pueda haber invertido en mejorarla, o con lo que pueda permitirse aceptar, sino con lo que el granjero pueda permitirse pagar.
En condiciones normales, la única parte de la producción de la tierra que puede traerse al mercado es aquella cuyo precio corriente alcanza para reemplazar el capital invertido en llevarla al mercado, junto con los beneficios corrientes. Si el precio ordinario es superior, la parte excedente del mismo irá naturalmente a la renta de la tierra. Si no lo es, aunque la mercancía pueda ser llevada al mercado, no proporcionará renta al terrateniente. El que sea superior o no dependerá de la demanda.