La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Podría pensarse que la renta de la tierra es a menudo nada más que un beneficio o interés razonable del capital invertido por el dueño en mejorarla. Y sin duda esto puede ser parcialmente cierto en algunas ocasiones; pero sólo parcialmente cierto y sólo en algunas ocasiones. El propietario exige una renta incluso de la tierra no mejorada, y el supuesto interés o beneficio sobre lo invertido en mejoras es en general una adición a esa renta original. Dichas mejoras, además, no siempre se realizan con el capital del dueño; a veces derivan del capital del arrendatario. Pero cuando llega el momento de renovar el contrato de arriendo, el terrateniente suele exigir un incremento de la renta como si todas las mejoras se hubiesen realizado con su capital.
A veces incluso reclama una renta por lo que el trabajo humano es totalmente incapaz de mejorar. Las laminarías son una especie de algas de cuyas cenizas se obtiene una sal alcalina empleada en la fabricación de vidrio, jabón y otras cosas. Crece en diversas partes de Gran Bretaña, particularmente en Escocia, en rocas elevadas que la marea cubre dos veces por día; su producción, por lo tanto, jamás ha sido aumentada mediante el trabajo humano. Pero el propietario cuya finca esté bordeada por una costa de laminarias de ese tipo exige por ella una renta igual que por sus tierras cerealeras.