La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Es razonable esperar que los forrajes artificiales, nabos, zanahorias, coles y otras cosas a las que se ha recurrido para conseguir que una misma extensión de tierra alimente a un número mayor de cabezas de ganado que los pastos naturales, reduzcan algo la superioridad que en un país avanzado tiene naturalmente el precio de la carne sobre el precio del pan. Y así parece haber sucedido; hay razones para creer que, al menos en el mercado de Londres, el precio de la carne en proporción al precio del pan es bastante menor hoy que a principios del siglo pasado.
En el apéndice a la Vida del príncipe Enrique, el Doctor Birch incluye una referencia a los precios de la carne pagados por dicho príncipe. Dice allí que el coste de los cuatro cuartos de una vaca que pesaba seiscientas libras solía ser de nueve libras y diez chelines, más o menos; es decir, treinta y un chelines y ocho peniques por cada cien libras de peso. El príncipe Enrique murió el 6 de noviembre de 1612, a los diecinueve años de edad.