La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Una máxima indiscutible en la agricultura antigua, como lo es hoy en todos los paÃses vinÃcolas, era que la parte más valiosa de la granja era el viñedo, cuando habÃa sido plantado correctamente y cuidado con la máxima atención. Pero según nos cuenta Columela, habÃa opiniones enfrentadas sobre la cuestión de si era ventajoso plantar nuevas viñas o no. Como buen amante de todos los cultivos más elaborados, se decanta en favor del viñedo e intenta demostrar, cotejando beneficio y coste, que constituye una mejora muy rentable. Sin embargo, esas comparaciones entre beneficio y coste en nuevos proyectos suelen ser muy falaces; y en ninguna parte más que en la agricultura. Si la ganancia efectivamente obtenida en tales plantaciones hubiese sido en general tan copiosa como él preveÃa, no cabrÃa debate alguno, pero todavÃa hoy la cuestión es objeto de controversia en las naciones vinÃcolas. Es cierto que sus escritores sobre temas agrÃcolas, amantes y promotores de los cultivos más finos, normalmente están dispuestos a alinearse con Columela en favor de las viñas. La preocupación de los dueños de los viejos viñedos en Francia para evitar que se planten nuevos parece apoyar esa opinión, e indicar una convicción por parte de gentes expertas de que esta clase de cultivo es hoy en dicho paÃs más rentable que ningún otro. No obstante, avala al mismo tiempo otra opinión: la de que esa rentabilidad superior no puede durar más que las leyes que actualmente restringen el libre cultivo de la vid. En 1731 los propietarios consiguieron una orden del Consejo que prohibió tanto la plantación de nuevas cepas como la renovación de las antiguas, cuyo cultivo se hubiese interrumpido durante dos años, salvo que mediase un permiso especial del rey, a ser concedido sólo tras un informe del intendente de la provincia, que certificase que habÃa examinado la tierra y que era inútil para cualquier otro cultivo. La razón de esa orden fue la escasez de granos y pastos y la sobreabundancia de vino. Pero si esta abundancia hubiese sido real, habrÃa impedido eficazmente la plantación de nuevas cepas, sin necesidad de ninguna orden del Consejo, al reducir los beneficios de este tipo de cultivo por debajo de su proporción natural con los de los cereales y los pastos. En lo que hace a la supuesta escasez de granos ocasionada por la multiplicación de los viñedos, en ninguna parte de Francia se cultiva mejor el cereal que en las provincias vinÃcolas, donde la tierra es adecuada para su producción; como en Borgoña, Guyena y el alto Languedoc. La numerosa mano de obra empleada en un tipo de cultivo necesariamente anima al otro, al suministrarle un mercado inmediato para su producción. El disminuir el número de los que son capaces de pagar por él es sin duda una estrategia poco prometedora para alentar el cultivo del cereal. Es como la polÃtica que pretende promover la agricultura castigando a la industria.