La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Hasta que el precio del ganado alcance ese registro no parece posible que la mayor parte de las tierras, incluso las de mejores posibilidades, puedan ser plenamente cultivadas. En todas las fincas tan apartadas de la ciudad como para que resulte imposible transportar el abono desde allÃ, es decir, en la mayorÃa de las fincas de un paÃs grande, la superficie de tierra bien cultivada deberá guardar proporción con la cantidad de abono que la propia finca produce, lo que a su vez estará en proporción con el número de cabezas de ganado que tenga. La tierra es abonada bien al pastar al ganado sobre ella o bien al ser alimentado en establos y llevado después su estiércol hasta ella. Pero salvo que el precio del ganado sea suficiente para pagar la renta y el beneficio de la tierra cultivada, el granjero no podrá hacerlo pastar en ella, y menos todavÃa alimentarlo en el establo. El ganado puede ser alimentado en establos sólo con el producto de la tierra roturada y cultivada, puesto que recoger el producto escaso y disperso de las tierra eriales y sin cultivar requerirÃa demasiado trabajo y resultarÃa demasiado caro. Si el precio del ganado, entonces, no es suficiente para pagar la producción de la tierra mejorada y cultivada cuando se le permite pastar en ella, el precio será menos suficiente todavÃa para pagar por esa producción cuando debe ser recogida con mucho más trabajo adicional y llevada hasta el establo. En dichas circunstancias, por lo tanto, no será rentable alimentar en el establo a ni una cabeza de ganado más de las necesarias para el cultivo. Pero éstas nunca podrán suministrar abono suficiente para mantener constantemente en buenas condiciones a todas las tierras que son capaces de cultivar. El abono que proporcionan, al ser insuficiente para toda la granja, será naturalmente reservado para las tierras en donde pueda ser aplicado de forma más ventajosa o conveniente, las tierras más fértiles o quizás las más cercanas al corral. En consecuencia éstas serán mantenidas permanentemente en buenas condiciones y preparadas para la labranza. El resto se dejará en su mayor parte en erial y apenas producirá más que unos pastos paupérrimos, apenas suficientes para mantener en pie a un puñado de reses dispersas y hambrientas; la finca tendrá mucho menos ganado que el que necesitarÃa para cultivarse plenamente, pero a menudo tendrá más del necesario con relación a su producción efectiva. Una porción de esas tierras incultas, después de ser pastoreadas de esta forma tan miserable durante seis o siete años, podrán ser aradas y rendir quizás una o dos pobres cosechas de avena de mala calidad o de otros cereales ordinarios hasta que, completamente agotadas, deban reposar y ser dejadas como pastos otra vez, mientras que otra porción es arada y agotada hasta que deba reposar a su vez. Tal era el sistema de administración en todas las Tierras Bajas de Escocia antes de la Unión. Las tierras que siempre estaban adecuadamente abonadas y en buenas condiciones rara vez superaban un tercio o un cuarto de la finca, y en ocasiones no llegaban a un quinto o un sexto. El resto no era abonado jamás, aunque una porción determinada era de forma rotativa cultivada y agotada. Es evidente que bajo este esquema incluso aquella fracción de las tierras de Escocia susceptibles de buena labranza era capaz de rendir muy poco en comparación a sus posibilidades. Pero por desventajoso que parezca el sistema, antes de la Unión el bajo precio del ganado lo hacÃa casi inevitable. Si a pesar del gran aumento en su precio todavÃa prevalece en una amplia sección del paÃs ello se debe en muchos lugares sin duda a la ignorancia y apego a las viejas costumbres, pero en la mayor parte a los obstáculos insalvables que el curso natural de las cosas opone al establecimiento inmediato o veloz de un sistema mejor: primero, a la pobreza de los arrendatarios, que no han tenido tiempo todavÃa de comprar las cabezas de ganado suficientes para cultivar completamente sus tierras; el mismo aumento en el precio que les harÃa ventajoso mantener más ganado hace que les sea más difÃcil adquirirlo; y segundo, a que no han tenido tiempo de poner a sus campos en situación de mantener adecuadamente más ganado, en el supuesto de que pudiesen comprarlo. El aumento en las cabezas de ganado y la roturación de los campos deben ir a la par, y el uno no puede ir mucho más deprisa que la otra. Si no hay más ganado no podrá haber más roturación, pero no podrá haber un aumento considerable en las cabezas de ganado si no hay una gran mejora en las tierras, puesto que de otro modo los campos no podrán mantenerlas. Estos obstáculos naturales al establecimiento de una mejor administración no pueden ser removidos sino es mediante un perÃodo prolongado de frugalidad y trabajo; y deberá transcurrir medio siglo, o acaso un siglo, antes de que el viejo sistema, que se halla en paulatina decadencia, pueda ser definitivamente abolido en todo el paÃs. No obstante, de todas las ventajas comerciales que Escocia ha obtenido de la Unión con Inglaterra, quizás la mayor ha sido este aumento en el precio del ganado. No sólo ha incrementado el valor de todas las propiedades en las Tierras Altas sino que también ha sido probablemente la principal causa del progreso de las Tierras Bajas.