La riqueza de las naciones

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También puede resultar de alguna utilidad para la sociedad en la regulación de la remuneración pecuniaria de algunos de sus servidores más modestos. Si ese aumento en el precio de alguna clase de provisiones se debe a una caída en el valor de la plata, su retribución pecuniaria, siempre que no hubiese sido antes muy alta, debería ciertamente ser aumentada en proporción a esa caída. Si no lo es, su remuneración real será evidentemente disminuida de forma proporcional. Pero si el aumento en el precio proviene de un aumento en el valor, como consecuencia de la fertilidad mejorada de la tierra que produce dichas provisiones, entonces el decidir en qué proporción se debe aumentar cualquier remuneración, o incluso si debe aumentarse en alguna, se convierte en una cuestión mucho más delicada. La extensión de las mejoras y los cultivos, así como necesariamente aumenta más o menos en proporción al precio del cereal el precio de toda suerte de alimentos de origen animal, también necesariamente reduce, creo, el de toda clase de alimentos vegetales, porque al elevar la productividad de la tierra aumenta su abundancia. Asimismo, las mejoras en la agricultura introducen muchas clases de alimentos vegetales que, al requerir menos tierra y no más trabajo que los cereales, llegan más baratos al mercado. Así sucede con las patatas y el maíz, el llamado cereal indio, quizás los dos adelantos más significativos que la agricultura europea, y acaso la misma Europa, ha recogido de la vasta extensión de su comercio y su navegación. Muchas clases de alimentos vegetales, por añadidura, que en la etapa primitiva de la agricultura se limitan a la huerta y son cultivados con la azada, en un estado más avanzado se introducen en los campos y son cultivados con el arado, como sucede con los nabos, las zanahorias, las coles, etc. Por lo tanto, si en el desarrollo económico el precio real de unas clases de alimentos necesariamente sube, el de otras necesariamente baja, y se vuelve todavía más complejo el determinar en qué medida el aumento en unas puede compensar la caída en las otras. Cuando el precio real de la carne del matadero alcanza su cota máxima (algo que, salvo quizás con respecto al cerdo, ha ocurrido con respecto a todas las otras carnes en la mayor parte de Inglaterra hace más de un siglo), todo aumento ulterior en cualquier otro tipo de alimento animal no podrá influir mucho en las condiciones de vida de las clases inferiores del pueblo. La situación de los pobres en la mayor parte de Inglaterra no puede seguramente verse tan perjudicada por ningún aumento en el precio de las aves, pescados, aves silvestres o venados, como aliviada por la caída en el precio de las patatas.


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