La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Los efectos han sido precisamente los descritos antes. Los negocios del país son casi completamente realizados con los billetes de esos bancos, con los que habitualmente se hacen las compras y los pagos de todo tipo. La plata aparece muy pocas veces, salvo en el cambio de un billete de veinte chelines, y el oro aparece todavía menos. Y aunque no todas esas empresas han mostrado una conducta intachable, y ello ha requerido una ley del parlamento para regularlas, a pesar de ello el país ha obtenido evidentemente un gran beneficio gracias a su labor. He oído decir que el comercio de la ciudad de Glasgow se duplicó en unos quince años, después de la primera instalación de los bancos allí; y que el comercio de Escocia se ha más que cuadruplicado desde el establecimiento de los dos bancos públicos de Edimburgo, uno de los cuales, llamado el Banco de Escocia, fue creado por ley del parlamento en 1695; el otro, denominado Banco Real, por concesión real en 1727. No pretendo saber si el comercio de Escocia en general o de la ciudad de Glasgow en particular se ha incrementado efectivamente en una proporción tan abultada durante un lapso tan breve. Si alguno de ellos ha crecido así, ello parece algo demasiado grande como para responder a la acción exclusiva de esta causa. Sin embargo, lo que en ningún caso puede dudarse es de que el comercio y la industria de Escocia se han expandido muy considerablemente en ese período, y que los bancos han contribuido significativamente a esa expansión.