La riqueza de las naciones

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Han pasado más de veinticinco años desde que el papel moneda emitido por los diversos bancos de Escocia llegó a ser igual, o acaso ligeramente superior, a lo que la circulación del país podía absorber y emplear con comodidad. Esas compañías habían brindado ya entonces toda la asistencia a los empresarios de Escocia que los bancos y banqueros pueden brindar de forma coherente con su propio interés. Habían hecho incluso algo más. Habían exagerado sus negocios un poco y habían incurrido en esa pérdida, o al menos esa disminución del beneficio que dicho negocio sistemáticamente recoge del más pequeño grado de exceso en su actividad. Los empresarios, al obtener tanta ayuda de los bancos, aspiraron a tener todavía más. Parecían creer que los bancos podían extender sus créditos hasta cualquier suma que se les demandase sin incurrir en coste alguno, aparte de unas pocas resmas de papel. Se quejaron de la estrechez de miras y actitud pusilánime de los directivos de los bancos que, según decían, no ampliaban sus créditos en proporción a la extensión de la economía del país; sin duda, cuando hablaban de extensión de la economía del país se referían a la extensión de sus propios negocios más allá de lo que era posible con su propio capital o con los créditos que obtuviesen de personas individuales en la forma usual de títulos e hipotecas. Parecen haber pensado que los bancos tenían la obligación moral de suplir esa deficiencia y suministrarles todo el capital que necesitaban. Los bancos, sin embargo, sostenían una opinión diferente, y cuando rehusaron ampliar sus créditos algunos empresarios recurrieron a un expediente que durante un tiempo satisfizo sus demandas, a un coste mucho mayor pero de forma tan efectiva como podría haber resultado de una ampliación ilimitada del crédito bancario. El expediente era el bien conocido del «peloteo» de letras, de girarse letras recíprocamente, algo a lo que empresarios infelices han recurrido a veces cuando están al borde de la bancarrota. La práctica de conseguir dinero de esta forma es conocida desde hace mucho tiempo en Inglaterra, y se dice que durante la última guerra, cuando los exorbitantes beneficios del comercio supusieron una acusada tentación a las actividades exageradas, estuvo vastamente extendida. Desde Inglaterra fue llevada a Escocia y allí, en proporción al escaso comercio y el muy moderado capital del país, pronto adquirió mucha mayor extensión que la que nunca conoció en Inglaterra.


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