La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Las operaciones de este banco parecen haber producido efectos opuestos a los perseguidos por las personas que lo proyectaron y dirigieron. Pretendieron apoyar las valientes empresas, pues por tales las tenían, que había entonces en diversos lugares del país; y al mismo tiempo, al atraer todo el negocio bancario, suplantar a los demás bancos escoceses, en especial los establecidos en Edimburgo, cuya reticencia en descontar letras había levantado algunas protestas. Es indudable que el banco proporcionó un alivio temporal a esos empresarios y les permitió continuar con sus negocios por dos años más de lo que hubiesen podido en otra circunstancia. Pero lo que hizo fue dejar que se endeudaran todavía más, y así cuando llegó la ruina, se desató con más violencia sobre ellos y sobre sus acreedores. En consecuencia, las operaciones de este banco, en lugar de aliviar, en última instancia realmente agravaron los problemas que esos empresarios se habían creado a sí mismos y a su país. Habría sido mucho mejor para ellos, sus acreedores y su país si la mayoría de ellos se hubiesen visto obligados a cerrar sus negocios dos años antes. Sin embargo, el desahogo temporal que este banco proporcionó a esos empresarios probó ser un alivio real y permanente para los demás bancos escoceses. Todos los que operaban con letras de peloteo, que los demás bancos se mostraban tan reacios a descontar, acudieron al nuevo banco, donde fueron recibidos con los brazos abiertos. Así, esos otros bancos consiguieron escapar muy sencillamente de ese círculo fatal, del que no habrían podido desembarazarse sin incurrir en abultadas pérdidas y acaso también en algún grado de descrédito.