La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Cuando las naciones germánicas y escitas invadieron las provincias occidentales del Imperio Romano, las perturbaciones que siguieron a tan profunda revolución duraron varios siglos. La rapiña y violencia que los bárbaros ejercieron contra los antiguos habitantes interrumpieron el comercio entre las ciudades y el campo. Las ciudades quedaron desiertas y el campo sin cultivar, y las provincias del oeste de Europa, que bajo el Imperio Romano habían disfrutado de un alto grado de riqueza, se hundieron en el estado más bajo de pobreza y barbarie. Mientras perduraron los desórdenes, los jefes y líderes principales de dichas naciones adquirieron o usurparon la mayor parte de las tierras de esas provincias. El grueso de las mismas estaba sin cultivar, pero ninguna fracción de ellas, cultivada o no, quedó sin propietario. Todas fueron apropiadas y la mayor parte por un puñado de grandes propietarios.
El acaparamiento de tierras incultas, aunque fue una gran calamidad, pudo haber sido transitoria. Pudieron pronto haber sido divididas otra vez y separadas en pequeñas parcelas a través de herencias o ventas. La ley de la primogenitura impidió que fuesen divididas por herencias; y la introducción de las vinculaciones impidió que fuesen divididas por enajenación.