La riqueza de las naciones

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Cuando la tierra, igual que los bienes muebles, es considerada sólo como medio de subsistencia y placer, la ley natural de la herencia la divide, como hace con ellos, entre todos los hijos de la familia, entre todos cuya subsistencia y placer puede suponerse que tienen el mismo interés para el padre. Esta ley natural de la sucesión rigió entre los romanos, que no efectuaron más distinción entre el mayor y el menor ni entre el hombre y la mujer en la herencia de las tierras que nosotros en la distribución de los muebles. Pero cuando la tierra pasó a ser considerada no sólo meramente como medio de subsistencia sino también de poder y protección, se pensó que era mejor que fuese transmitida sin división a una sola persona. En aquellos tiempos convulsos, cada gran terrateniente era una especie de pequeño príncipe. Sus arrendatarios eran sus súbditos. Él era su juez, y en algunos aspectos su legislador en la paz y su jefe en la guerra. Guerreaba según su propia discreción, a menudo contra sus vecinos y a veces contra su soberano. La seguridad de una finca rústica, entonces, la protección que su propietario podía garantizar a quienes vivían en ella, dependía de su extensión. Dividirla era arruinarla, y exponer a cualquiera de sus partes a ser oprimida y engullida por las incursiones de los vecinos. Y así se impuso la ley de la primogenitura en las herencias de la propiedad de la tierra, no inmediatamente por cierto sino a lo largo de un proceso, por la misma razón por la que ha sido generalmente aplicada en la sucesión de las monarquías, aunque no se haya aplicado en su institución original. Para que el poder y consiguientemente la seguridad de la monarquía no se vea debilitado por la división, debe transmitirse de forma completa a un sólo hijo. Para determinar a qué hijo se ha de otorgar tan importante preferencia debe existir una ley general, basada no en las dudosas distinciones del mérito personal sino en alguna diferencia clara y evidente que no admita discusión. Entre los hijos de una misma familia no puede haber diferencias indisputables que no sean de sexo o de edad. El sexo masculino es universalmente preferido al femenino; y cuando las demás cosas son iguales, el de más edad va antes que el más joven. De ahí el origen del derecho de primogenitura y de lo que se llama línea sucesoria.


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