La riqueza de las naciones

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De esta manera no sólo fueron acaparadas amplias extensiones de tierra inculta por algunas familias sino que la alternativa de que fuesen otra vez divididas fue en la medida de lo posible vedada para siempre. Rara vez ocurre, empero, que un gran propietario sea un excelente cultivador. En los caóticos tiempos que dieron lugar a esas instituciones bárbaras el gran propietario estaba ya bastante ocupado con defender sus propios territorios o con extender su jurisdicción y autoridad sobre los de sus vecinos. No tenía tiempo libre para vigilar el cultivo y mejora de los campos. Una vez que el establecimiento de la ley y el orden le dio ese tiempo, muchas veces no tenía la afición y casi siempre carecía de las habilidades necesarias. Si los gastos de su casa y su persona igualaban o superaban su ingreso, lo que ocurría con mucha frecuencia, no tenía capital para emplearlo de esa forma. Si era ahorrador, generalmente veía más rentable invertir sus ahorros anuales en nuevas compras más que en la mejora de su antigua propiedad. El cultivo rentable de la tierra, como cualquier otra empresa, exige prestar una atención minuciosa a los pequeños ahorros y pequeñas ganancias, algo de lo que rara vez es capaz una persona que ha nacido con una copiosa fortuna, aunque sea de naturaleza frugal. La condición de un hombre de esas características lo dispone naturalmente a atender más al ornato que satisface sus caprichos que a un beneficio que apenas necesita. Desde su infancia se ha acostumbrado a preocuparse por la elegancia de sus atavíos, su equipo, su casa y sus muebles. El tipo de mentalidad que este hábito naturalmente moldea sigue presente cuando él llega a pensar en la mejora de las tierras. Quizás embellezca cuatrocientos o quinientos acres en los alrededores de su casa, a un coste que supera diez veces lo que la tierra vale después de las mejoras; y comprobará que si se dedica a mejorar todas sus posesiones de la misma forma, y no está preparado para hacerlo de ninguna otra, estará en quiebra antes de haber completado la décima parte de la tarea. Todavía hay en las dos partes del Reino Unido grandes fincas que han permanecido sin interrupción en las manos de la misma familia desde la época de la anarquía feudal. Si se compara su situación con la de las posesiones de los pequeños propietarios de las cercanías no será necesario ningún otro argumento para convencerse de hasta qué punto esas propiedades tan extensas son contrarias al progreso de la agricultura.


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