La riqueza de las naciones

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Debieron ser sin duda personas muy pobres, que solían deambular con sus mercancías de lugar en lugar y de feria en feria, como los buhoneros y chalanes de hoy en día. En todos los países de la Europa de entonces, de igual forma que en los estados tártaros de Asia actualmente, se aplicaban impuestos sobre los viajeros y sus bienes cuando cruzaban algunos feudos, pasaban por ciertos puentes, llevaban sus géneros de un lugar a otro en una feria, y cuando levantaban allí una caseta o tenderete para venderlos. En Inglaterra esos impuestos eran denominados peaje, pontazgo, estadaje y postazgo. En algunas ocasiones el rey, en otras un gran señor, tenía autoridad para declarar exentos de esos tributos a algunos comerciantes, en especial los que residían en sus dominios. Tales comerciantes, aunque en otros aspectos se hallaban en una condición servil o casi servil, eran por esa razón llamados comerciantes francos. En compensación, solían pagar a su protector una especie de impuesto anual de capitación. En esa época era raro otorgar protección sin que mediase alguna prenda de valor, y quizás este impuesto puede ser considerado como una compensación por lo que sus protectores perdían con la exención de los demás tributos. Los impuestos de capitación y las exenciones fueron al principio exclusivamente personales y afectaban sólo a algunas personas, bien durante toda su vida o como los protectores decidiesen. Los muy imperfectos catastros de varias ciudades de Inglaterra mencionan a menudo el impuesto que algunos habitantes pagaban al rey o a algún otro gran señor por esta clase de protección, indicando lo que pagaba cada uno, y a veces registran sólo el monto total de dichos gravámenes.


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