La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Pero por servil que haya sido la condición original de los habitantes urbanos, es evidente que lograron la independencia y la libertad mucho antes que los campesinos. La parte de los ingresos reales que provenía de dichos impuestos de capitación en cualquier ciudad era normalmente arrendada durante un determinado número de años por un tanto alzado, a veces a la autoridad del condado, y a veces a otras personas. Frecuentemente los mismos ciudadanos gozaban del crédito suficiente como para arrendar los ingresos de ese tipo que se originaban en su propia ciudad, y se hacían responsables mancomunada e individualmente de la totalidad de la renta. Estos arrendamientos eran bastante convenientes para la hacienda de los soberanos de toda Europa, que solían arrendar feudos enteros a sus pobladores, que se hacían responsables de toda la renta, mancomunada y solidariamente; a cambio se les permitía recaudarla a su manera, y pagarla al Tesoro real a través de sus propios administradores, con lo quedaban a resguardo de la insolencia de los funcionarios del rey, circunstancia considerada en esa época de la máxima importancia.