La riqueza de las naciones

La riqueza de las naciones

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En un país que no tenga comercio exterior ni una industria moderna, un gran propietario, al no poder intercambiar por nada la mayor parte de la producción de sus tierras que supere la manutención de sus cultivadores, consume la totalidad en la rústica hospitalidad de su casa. Si esa producción excedente alcanza para mantener cien o mil hombres, no puede hacer otro uso de ella aparte de mantener cien o mil hombres. Por eso, está constantemente rodeado de una multitud de dependientes y criados que carecen de un equivalente para darle a cambio de su manutención, y que al ser alimentados sólo por su generosidad le deben obediencia, por lo mismo que los soldados deben obediencia al príncipe que les paga. Ello explica que antes de la extensión del comercio y la industria en Europa, la hospitalidad de los ricos y los grandes, desde el soberano al menor de los señores feudales, sobrepasaba a cualquier cosa que podamos concebir hoy. El salón de Westminster era el comedor de Guillermo el Rojo, y es posible que frecuentemente no alcanzara para dar cabida a sus invitados. Se consideraba un rasgo de magnificencia de Tomás Becket el que revistiese el piso de su salón con heno limpio o juncos, para que los caballeros e hidalgos que no disponían de asientos no estropeasen sus elegantes vestidos cuando se sentaban en el piso para cenar. Se cuenta que el gran duque de Warwick agasajaba diariamente en sus diversos palacios campestres a treinta mil personas, y aunque este número bien puede ser exagerado, el verdadero debió ser muy grande como para dar pie a semejante exageración. Una hospitalidad análoga era desplegada no hace muchos años en diversas partes de las Tierras Altas de Escocia, y parece ser un fenómeno común a todas las naciones donde el comercio y la industria son poco conocidos. He visto, cuenta el Doctor Pocock, a un jefe árabe cenar en las calles de una ciudad a donde había llegado a vender su ganado, e invitar a todos los transeúntes, incluso a los mendigos, a sentarse con él y compartir su banquete.


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