La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Los ocupantes de la tierra eran en todos los aspectos tan dependientes de los grandes propietarios como sus sirvientes. Incluso aquellos que no eran siervos eran arrendatarios a voluntad y pagaban una renta desde cualquier punto de vista desproporcionada a los medios de subsistencia que la tierra les suministraba. Algunos años atrás, una renta corriente en las Tierras Altas de Escocia por tierras que mantenían a una familia era una corona, media corona, una oveja o un cordero. Todavía es así hoy en algunos sitios; y el dinero no compra actualmente más mercancías allí que en otros lugares. En un país donde la producción excedente de una gran finca debe ser consumida en la propia finca, a menudo le convendrá al propietario que una fracción sea consumida lejos de su casa, siempre que quienes la consuman sean tan dependientes de él como sus criados y sirvientes. Se evita así las molestias de una familia o un séquito demasiado numerosos. Un arrendatario a voluntad, que posee tierra suficiente para mantener a una familia a cambio de una renta ínfima es tan dependiente del propietario como cualquier criado o sirviente y debe obedecerlo de manera igualmente incondicional. Un propietario de esas características, igual que alimenta a sus criados y sirvientes en su casa, alimenta a sus arrendatarios en las suyas. La subsistencia de ambos deriva de su benevolencia y el que la sigan recibiendo depende de su buena voluntad.