La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Al incrementarse paulatinamente de esta manera los gastos personales de los grandes propietarios, era inevitable que el número de sus sirvientes disminuyera hasta que finalmente desaparecieron por completo. La misma causa llevó a que gradualmente se desprendieran de los arrendatarios que no necesitaban. Las haciendas se ampliaron y los ocupantes de la tierra, a pesar de las quejas sobre la despoblación, fueron reducidos al número necesario para cultivarla según el imperfecto estado de la roturación y las mejoras en esos tiempos. Al desprenderse de bocas innecesarias, y al extraer del granjero el valor pleno de la tierra arrendada, el propietario obtuvo un mayor excedente, o lo que es lo mismo: el precio de un mayor excedente, y los comerciantes e industriales pronto le facilitaron un método para que se lo gastase en sí mismo, igual que había hecho con el resto de su ingreso. Al continuar actuando la misma causa, estaba deseoso de elevar sus rentas por encima de lo que sus tierras podían proporcionar en las condiciones vigentes de roturación. Sus arrendatarios sólo podían aceptarlo con una condición: la seguridad de sus posesiones durante un número de años suficiente para que tuviesen tiempo de recuperar con un beneficio cualquier suma que hubiesen invertido en la mejora ulterior de la tierra. La onerosa vanidad del terrateniente lo dispuso a aceptar esa condición, y de ahí nacieron los arrendamientos a largo plazo.