La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Debido a la fertilidad natural de su suelo, a la gran extensión de su costa marÃtima en proporción al territorio total, y a los muchos rÃos navegables que fluyen en su interior y facilitan el transporte fluvial de las zonas más apartadas, Inglaterra está quizás mejor dotada por la naturaleza que ningún otro gran paÃs de Europa para ser la sede del comercio exterior, de las industrias que venden en mercados lejanos y de todo el progreso que de ello puede derivarse. Además, desde comienzos del reinado de Isabel, la legislación inglesa ha prestado especial atención a los intereses del comercio y la industria, y en realidad no hay paÃs en Europa, ni siquiera la propia Holanda, donde la ley es en términos generales tan propicia para esas actividades. De ahà que en todo este perÃodo el comercio y la industria se hayan desarrollado de forma sostenida. Es cierto que el cultivo y mejora del campo también ha progresado gradualmente, pero ha seguido lentamente y a distancia el progreso más dinámico del comercio y las manufacturas. El grueso del paÃs ya debÃa estar cultivado antes del reinado de Isabel, pero una parte importante permanece aún inculta, y el cultivo de la mayor parte es muy inferior al que podrÃa ser. La legislación inglesa, no obstante, favorece a la agricultura no sólo indirectamente mediante la protección comercial sino a través de varios estÃmulos directos. Salvo en tiempos de escasez, la exportación de cereales no sólo es libre sino que además es incentivada mediante una prima. En tiempos de moderada abundancia, la importación de cereales extranjeros resulta encarecida mediante aranceles que en la práctica equivalen a una prohibición. La importación de ganado en pie, salvo desde Irlanda, está siempre prohibida, y la excepción irlandesa es relativamente reciente. En consecuencia, los agricultores gozan de un monopolio frente a sus compatriotas en los dos principales artÃculos de la producción primaria, el pan y la carne. Aunque esos incentivos son en última instancia probablemente ilusorios, como demostraré más adelante, demuestran al menos suficientemente la buena intención del gobierno de apoyar a la agricultura. Pero mucho más importante que ellos es que los campesinos de Inglaterra disfrutan de toda la seguridad, independencia y respetabilidad que la ley puede proporcionar. Por lo tanto, ningún paÃs en que existan los mayorazgos, se paguen diezmos y se admitan en algunos casos las vinculaciones, aunque sean opuestas al espÃritu del derecho, puede fomentar la agricultura más que Inglaterra. Y sin embargo la condición de sus cultivos es la que ha sido antes mencionada. ¿Cuál podrÃa ser si la ley no hubiese otorgado incentivos directos a la agricultura, aparte de los que surgen indirectamente del desarrollo del comercio, y hubiese mantenido a los campesinos en la misma condición en que se halla en la mayorÃa de los otros paÃses de Europa? Han pasado ya más de doscientos años desde el inicio del reinado de Isabel, un perÃodo muy largo con relación a lo que suele durar la prosperidad humana.