La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Esos argumentos eran en parte correctos y en parte sofismas. Eran correctos cuando sostenÃan que la exportación de oro y plata en el comercio podÃa ser a menudo ventajosa para el paÃs, y que ninguna prohibición impedirÃa esa exportación si las personas veÃan que les convenÃa. Pero eran sofismas cuando suponÃan que la preservación o el aumento en la cantidad de dichos metales requerÃan más atención por el gobierno que la preservación o aumento en la cantidad de cualquier otra mercancÃa útil, que la libertad de comercio siempre consigue suministrar adecuadamente, sin ninguna atención de ese tipo. También eran sofismas, quizás, al subrayar que el precio del cambio elevado necesariamente aumentaba lo que llamaban la balanza comercial desfavorable, o que ocasionaba la exportación de una cantidad mayor de oro y plata. Es evidente que ese precio alto era extremadamente perjudicial para los comerciantes que tenÃan que pagar sumas en paÃses extranjeros. DebÃan entregar más dinero para comprar las letras de cambio que sus banqueros les giraban sobre esos paÃses. Pero aunque el riesgo derivado de la prohibición puede ocasionar gastos extraordinarios a los banqueros, no necesariamente extrae más dinero del paÃs. Este gasto serÃa generalmente desembolsado en el paÃs, en el contrabando de dinero hacia el exterior, y rara vez ocasionarÃa la exportación de seis peniques más de lo necesario para pagar la letra. Además, el alto precio de los cambios dispondrÃa naturalmente a los comerciantes a equilibrar lo más posible sus exportaciones y sus importaciones, para que ese alto precio fuese pagado sobre una suma tan pequeña como resultase posible. Asimismo, si el precio de los cambios es elevado, ello opera necesariamente como un impuesto, al elevar el precio de los bienes importados y disminuir por ello su consumo, lo que tiende no a aumentar sino a disminuir lo que denominaban la balanza comercial desfavorable, y consiguientemente la exportación de oro y plata.