La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Pero aunque los juicios fundados en el razonamiento sereno y en la experiencia han sido siempre extremadamente desfavorables hacia tales empresas, los basados en la avidez humana han sido por regla general exactamente opuestos. La misma pasión que ha sugerido a tantas personas la idea absurda de la piedra filosofal, ha sugerido a otras la idea igualmente absurda de unas minas de oro y plata infinitamente ricas. No prestaron atención al hecho de que el valor de esos metales, en todos los tiempos y todas las naciones, deriva esencialmente de su escasez, y que su escasez deriva de las muy pequeñas cantidades que la naturaleza ha depositado en un solo lugar, de los cuerpos duros e intratables con que cubrió en casi todas partes a esas pequeñas cantidades, y consecuentemente del trabajo y del gasto que en todo lugar resultan indispensables para penetrar hasta esos metales y extraerlos. Fantasearon con la ilusión de que los filones de dichos metales podían ser en muchos lugares tan gruesos y abundantes como los de plomo, cobre, estaño o hierro. El sueño de Sir Walter Raleigh de hallar la áurea ciudad y país de El Dorado demuestra que ni siquiera los hombres sabios se libran siempre de esos extraños espejismos.
…