La riqueza de las naciones

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Todos los miembros de la administración, además, comercian en cierto grado por su cuenta, y es inútil prohibirles que lo hagan. Nada puede ser tan completamente disparatado como el pretender que los funcionarios de una grandes oficinas situados a diez mil millas de distancia, y por tanto casi completamente fuera de su vigilancia, ante una simple orden de sus patronos dejen inmediatamente de realizar cualquier negocio por su cuenta, abandonen para siempre toda esperanza de acumular una fortuna cuando tienen a mano los medios para lograrlo, y se contenten con los moderados salarios que les pagan sus patronos y que, aunque son moderados, rara vez pueden aumentar porque normalmente son tan altos como lo permiten los beneficios reales de la compañía. En tales circunstancias, el prohibir a los trabajadores de la empresa el comerciar por su cuenta no puede tener otro efecto que el autorizar a los empleados de mayor categoría para que, con el pretexto de cumplir las órdenes de la dirección, opriman a aquellos de las categorías inferiores que hayan tenido la desgracia de incurrir en su desagrado. Los empleados tratan naturalmente de establecer en favor de su comercio particular el mismo monopolio que tiene la compañía en el comercio general. Dejados a su libre albedrío, impondrían este monopolio de forma abierta y directa, y prohibirían claramente a los demás que comerciaran en los artículos que ellos eligiesen; y quizás esta sea la forma mejor y menos opresiva de imponerlo. Pero si por una orden desde Europa se les prohíbe hacerlo, procurarán de todas maneras establecer el mismo monopolio secreta e indirectamente, con resultados mucho más destructivos para el país. Emplearán toda la autoridad del gobierno y pervertirán la administración de la justicia para acosar y arruinar a los se les interpongan en cualquier rama del comercio en la que ellos decidan estar mediante agentes ocultos o al menos no públicamente declarados como tales. Pero el comercio privado de los empleados se extenderá naturalmente a una variedad de artículos mucho mayor que el comercio público de la compañía. Éste último no se extiende más allá del comercio con Europa y comprende sólo una parte del comercio exterior del país. Pero el comercio privado de los empleados se puede extender a todas las ramas de su comercio interior y exterior. El monopolio de la compañía sólo puede coartar el desarrollo natural de la parte del producto excedente que, si hubiese libre comercio, sería exportada a Europa. El monopolio de los empleados tiende a atrofiar el desarrollo natural de todas las partes de la producción en donde decidan comerciar, la destinada al consumo interno y la destinada a la exportación; con lo que degrada el cultivo en todo el país y reduce el número de sus habitantes. Tiende a disminuir la cantidad producida de todas las cosas, incluso de las necesarias para la vida si los funcionarios de la compañía deciden comerciar con ellas, hasta lo que esos funcionarios sean capaces de comprar y estimen vender con un precio que juzguen satisfactorio.


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