La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Parece imposible que ninguna reforma de su consejo de administración pueda convertirlo en adecuado para gobernar ni para participar en el gobierno de un gran imperio, porque la mayor parte de sus miembros siempre tendrán muy poco interés en la prosperidad de ese imperio ni en atender seriamente a la forma de promoverla. Con frecuencia un hombre de gran fortuna, y a veces uno de pequeña fortuna, está dispuesto a comprar una participación de mil libras en el capital de la Compañía de las Indias sólo por la influencia que espera conseguir mediante su voto en la junta de propietarios. Adquiere no una cuota en el saqueo sino en el nombramiento de los saqueadores de la India. …Si puede disfrutar de su influencia durante algunos años, y aprovecharla en beneficio de sus amigos, a menudo le importa muy poco el dividendo y ni siquiera el valor del capital sobre el que se basa su voto. Y es muy raro que se preocupe en lo más mínimo de la prosperidad de ese vasto imperio en cuyo gobierno participa a través de ese voto. Nunca ha habido soberanos, y no puede haberlos por la naturaleza de las cosas, tan completamente indiferentes ante la felicidad o desgracia de sus súbditos, el desarrollo o ruina de sus dominios, la gloria o vergüenza de su gobierno, como necesariamente y por causas morales irresistibles deben ser la mayoría de los propietarios de una compañía mercantil de esta clase.