La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones En un país donde la ley no favorece a los maestros de una religión más que a los de otra, no es necesario que ninguno de ellos tenga una dependencia especial o inmediata del soberano o poder ejecutivo, ni que el soberano tenga ningún papel en designarlos o destituirlos de sus cargos. En tal situación no tendría que ocuparse de ellos para nada, salvo para mantenerlos en paz, igual que al resto de sus súbditos, es decir, impedirles que se persigan, abusen u opriman mutuamente. En países donde hay una religión establecida u oficial ocurre todo lo contrario. En este caso el soberano nunca está seguro salvo que tenga los medios para influir en un grado considerable sobre la mayor parte de los maestros de esa religión.