La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones El gasto en la conservación de buenas carreteras y vías de comunicación es indudablemente beneficioso para toda la sociedad, y puede por ello sin injusticia alguna ser financiado mediante la aportación general del conjunto de la sociedad. Sin embargo, este gasto es más inmediata y directamente beneficioso para los que viajan o transportan bienes de un sitio a otro, y a los que consumen dichos bienes. Los derechos de portazgo y los peajes en Inglaterra y otros países hacen recaer el gasto completamente sobre esos grupos de personas, y liberan así de una pesada carga al ingreso general de la sociedad.
De la misma forma, el gasto de las instituciones educativas y de instrucción religiosa es evidentemente beneficioso para el conjunto de la sociedad y por ello podría sin ninguna injusticia ser sufragado por la contribución general de toda la sociedad. Sin embargo, este gasto podría ser totalmente financiado, quizás con igual propiedad e incluso con alguna ventaja, por aquellos que reciben el beneficio inmediato de esa educación y esa instrucción, o por la contribución voluntaria de aquellos que piensan que las necesitan.