Electra
Electra ¿O acaso tenía Hades mayor deseo de devorar a mis hijos que a los de aquélla? ¿Es que en el muy infame padre se había esfumado el amor por los hijos habidos conmigo y existía, en cambio, por los de Menelao? ¿No es esto mentalidad de un padre desconsiderado y perverso? Así lo creo, aunque hable de modo distinto a lo que opinas.
Y la que está muerta, si tomara voz, lo confirmaría. Yo no estoy afligida por lo que he hecho. Si a ti, por tu parte, te parece que no tengo razón, censura a los que te rodean, pero con una argumentación razonable.
ELECTRA. —Al menos ahora no dirás de mí que inicié algo molesto después que tuve que escuchar esto de ti hasta el final. Pero, si me lo permites, hablaría con verdad sobre el muerto, a la vez que sobre mi hermana.
CLITEMESTRA. —Desde luego que te lo permito. Si dieras así siempre comienzo a tus palabras, no serías tan molesta de oír.
ELECTRA. —Entonces te hablo. Dices que has dado muerte a mi padre. ¿Qué expresión más vergonzosa que ésta podría ya existir, bien lo hayas hecho con razón o no? Te diré, además, que no lo mataste con justicia precisamente, sino que te arrastró a ello el obedecer al malvado varón con el que ahora vives. Pregunta a la cazadora Ártemis en castigo de qué retuvo en Áulide los frecuentes vientos, o yo te lo diré, pues no es lícito aprenderlo de ella.